Legislación acústica: algunas mentiras aprendidas

Nuestra legislación sobre contaminación acústica está muy enfocada al ruido de actividades e infraestructuras de transporte, pero nos consta que buena parte de los conflictos acústicos no se deben a actividades económicas en sí, sino al comportamiento de personas o animales, tanto en el ámbito doméstico como en la vía pública.

Que un comportamiento sea molesto o no es opinable, y por ello su regulación es espinosa y puede diferir mucho entre distintos municipios. Sin embargo, en cualquier parte de España, a menudo escuchamos categóricas afirmaciones sobre lo que dice la normativa de ruido que la sabiduría popular da por ciertas pero que, en realidad, no tienen soporte legal… estas son algunas mentiras aprendidas del ruido.

1.  “Si supera los decibelios permitidos, entonces hay que multarles”

superar decibelios moisés lagunaEsta primera afirmación no es del todo falsa, pero no puede aplicarse a cualquier caso.

El ruido doméstico suele ser origen de multitud de molestias (ruido de mascotas, arrastres de muebles, gritos, portazos…), pero está explícitamente fuera del alcance de la ley estatal del ruido, por lo que, en principio, una medición con un sonómetro no tendría validez legal – mejor dicho, no habría un límite concreto con el que comparar –. En estos casos, es mucho más eficaz dar parte a la comunidad de vecinos o, en última instancia, llamar a la policía local.

El ruido vecinal debe estar regulado en las ordenanzas locales de cada municipio o en los estatutos de la comunidad de propietarios, que son quienes tienen la potestad de controlarlo. Lo normal es establecer una serie de normas de convivencia cívica que los agentes pueden comprobar sin necesidad de equipos de medición. Y, si hay más de 8.000 municipios en España… puede haber otras tantas formas de regular el mismo comportamiento.

2. “Hasta las doce de la noche puedo hacer el ruido que quiera”

ruido por la nocheEsta mentira aprendida es una de las más arraigadas, pero resulta ser doblemente falsa.

Efectivamente, nuestro comportamiento no debe provocar molestias por ruido a otras personas, aunque en principio no sea legalmente posible cuantificarlo de forma objetiva con un sonómetro, independientemente de la hora que sea. Recordemos las normas de convivencia cívica que acabamos de mencionar: no se puede hacer ruido indiscriminadamente.

No obstante, es obvio que las molestias serán mayores en horas de descanso, normalmente durante la noche cuando los límites son mucho más restrictivos – ojo, hay localidades que regulan el período de siesta con los mismos límites que el nocturno –. Pero es que legalmente, el período nocturno empieza a las 23:00, e incluso a las 22:00 según la zona. Claro que a esa hora suele haber más personas despiertas, y quizás por ello haya menos molestias.

3. “En fin de semana se permiten menos decibelios”

menos ruido en fin de semanaEl fin de semana, ansiados días de respiro para reponer fuerzas. Para acostarse tarde sabiendo que al día siguiente no hay que madrugar… o bien para levantarse temprano y así aprovechar el día – o porque tienes hijos pequeños y ellos no entienden de fines de semana –. En definitiva, origen de muchos conflictos vecinales, que no tienen por qué compartir el mismo concepto de tiempo libre.

Sin embargo, en nuestra legislación los límites son los mismos para fines de semana y días laborables, no hay distinción. Claro que, como los comportamientos no están sometidos a límites de decibelios objetivos, volvemos a las normas de convivencia cívica y al respeto hacia nuestros vecinos. Son las ordenanzas locales las que pueden establecer ciertas limitaciones para estos períodos de descanso.

4.   “Si les molesta el ruido, que se vayan al campo”

CabeceraUna ciudad es como una comunidad de vecinos a gran escala. A lo largo de este artículo hemos incidido constantemente en el respeto de las normas de convivencia… ¿por qué iba a ser diferente en una ciudad? Nuestro hogar es nuestro refugio, nuestro reducto inviolable de intimidad. Vivimos donde queremos, o donde nos podemos permitir, pero el hecho de compartir espacio – tener vecinos – puede generar roces, a menudo fácilmente evitables. El hecho de vivir en comunidad no significa que tengamos que aceptar ciertas molestias.

No olvidemos que el concepto de ruido es totalmente subjetivo. Lo que para unas personas es tolerable para otras puede ser insufrible, pero no todo vale: tenemos derecho a descansar. Por supuesto, un comportamiento molesto puede ser sancionado por las autoridades locales, e incluso hay precedentes de jueces que echan de su propia casa al vecino molesto… así que, no, no tendríamos por qué irnos al campo.

En resumen, concienciación, empatía y sentido común.

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